viernes, 15 de febrero de 2013

Sueña. Es el mejor regalo

Me llamo Dinero y soy famoso en el mundo entero. Voy comprando a todo el que quiero y me permito el privilegio de romper familias. Soy un privilegiado porque lo tengo todo. Todo cuando quiero lo consigo y no hay nada que no esté a mi alcanze. Soy caprichoso, extremadamente e insoportablemente caprichoso, pero estoy orgulloso de mi, porque repito, ¡tengo todo cuanto quiero! Me regozo entre el mal que causo, me río de la gente y yo nunca me extingo. Tengo millones de amigos en mi grupo: la moneda, el centabo, el euro, los billetes de 100..en fin todos cuantos podáis imaginar. Estoy en todos lados, la gente me pronuncia constantemente. Soy el mejor-dijo el pequeño Robin que desde el otro lado de la ventana de su querido palacio veía como los niños de su barrio jugaban a las canicas. Él vivía en un chale inmensamente grande con su madre. Ella nunca estaba en casa por trabajo y su niñera Sofía estaba instalada en su casa. Le encantaba pensar que era un palacio porque había habitaciones que ni sabía que se escondía al otro lado, pero eran lugares prohibidos para él. Su infancia fue rodeada de todo capricho que quería. Todo lo material lo conocía, pero lo que eran sentimientos como el amor, el afecto, la amistad..para él tan solo eran palabras que los pobres utilizaban para consolarse. Cada día inventaba historias nuevas. Todo lleno de lujos y de cosas perfectas para sus ojos..
Justo al otro lado del valle, en una casita pequeña de campo, casi se podría decir que en una cabaña vivía la familia Llulsh. Una familia francesa que tubo que venirse a España. Vivía una dulce e inocente niña llamada Clara. Era de un color rubio que impresionaba, tenía unos ojos azul verdoso tan grandes que te perdías en ellos, unos oyuelos en cada extremo de su boca que eran una maravilla. Su piel era fría y también clara. Pero en su mirada se escondía miedo, traición, dolor, rabia, tristeza. En su piel se notaban las cicatrizes, los arañazos y una poca higiene, no demasiado exagerada. Su ropa era un vestido casero de color marrón, con un demantal echo de los pedazos de ropa inservible. Sus zapatos estaban viejos y rotos, pero aún servían pensaba ella..Se pasaba los días ayudando en la casa a su madre, una mujer muy dura y fría que estaba enferma. Sus otros cinco hermanos mayores, todos varones ayudaban en el campo a su padre y solo iban a casa para comer y dormir. No se relacionaba con nadie. Era analfabeta, pero sabía soñar..eso le mantenía con vida. O eso creía ella. Dejo de creer que seguía viva por el oxígeno que respiraba, si no que eran sus sueños los que la hacían sentirse viva. Porque de desamor también se moría, de pena, de tristeza absoluta. Un desamor del que estamos poco acostumbrados, a ella jamás le había amado ningún muchacho, no sabía que clase de amor era ese. Pero ese amor que en su día su madre pudo darle, o que veía que su padre le demostraba a su madre, que sus hermanos mayores le demostraban a ella..ese amor que se esfumo con todo lo bueno que algún día tuvieron. Pero ella aún podía soñar..soñar con algún día escapar de esa cárcel que la asfixiaba..
Bueno y ahora es mi turno. Un adolescente de 17 años, a la que ni le falta amor, ni le hace falta nada material. Tengo todo cuanto quiero, cuando necesitos, cuando es necesario..y cuando lo olvido, comparo, ¿qué más quiero? Tengo a mi familia unida, que se desvive por mi felicidad. Que me dan cariño. Tengo amigos. He conocido el amor. Tengo todo lo material que cualquier adolescente podría desear..pero sigo aquí, quejándome. Con el corazón partido y sintiendo por dentro el vacío, un nudo en la garganta. Y todo por alguien que me juró un amor falso, hoy no levanto cabeza. Y estoy tirando por la borda mis estudios, mi salud, mis sueños, mis teorías y mi aprendizaje. ¿Quién soy yo para pedir un corazón nuevo? Porque no saco valentía me olvido de ese error y continuo siendo fuerte, haciendo mi vida, reconociendo lo que es la felicidad. No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos y no quiero perder todo lo que tengo para valorarlo, ¡no quiero! Es hora de valorar mi presente, de darme cuenta que hay gente con problemas mayores y estos tan solo son dos ejemplos, ahí a fuera hay gente muchísimo peor y yo aquí desde mi cama, escribiendo, deshagondome, ¿por qué me siento tan mal si sé que esto es algo que se supera con un poco de tiempo? Es ahora de sacar un par de narices y poner fin a esta agonía. La vida es bella y yo estoy en ella para disfrutar los pequeños placeres de ella..y como no, siempre que tropieze, me quedan los cuentos de la infancia. Los sueños. Son gratis y somos nosotros los que decimos cuando dejarlos atrás..